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Las revoluciones árabes. Egipto, Libia, Túnez.

09/01/2012

He releido un trabajo presentado hace poco y creo que puede ser una buena ocasión de retomar este blog. Hay mucho que escribir, pues la realidad empieza a superar a la ficción. Pasan muchas cosas pero nadie explica los porqués. (recortes públicos, la ciudadanía desapegada, incertidumbre)… Esta persona que está detrás de este blog tampoco es ajena a todo ello, pero da para escribir tanto que no sabe por donde empezar y cuando acabar…
Os dejo con un poco de política internacional. Está escrito en noviembre, y he esperado a que las mentes pensantes y que saben más que yo lo den por correcto.
Un saludo.

En diciembre de 2010 un hombre desconocido para el mundo árabe marcó una fecha del comienzo de la llamada primavera revolucionaria árabe. Mohammed Bouazizi se inmolaba después de su detención por la policía tunecina al haberle confiscado un puesto de verduras ambulante.
¿Pero qué factores comunes se puede ver en ese camino revolucionario? En principio tomaré Egipto, Libia y Túnez como países más semejantes y que han tenido una progresión en el conflicto que ha llevado a un cambio de régimen.
LA TEORÍA
Teniendo en cuenta la teoría política y a sus mesoteorías sobre los procesos democráticos, en la que podemos nombra a Lipset, Linz o Stepan, se pueden buscar unos factores a priorísticos que puedan encaminar esa obtención de factores. Se debe tener en cuenta que no son factores infalibles, por sí no garantizan el que se establezca la democracia y no se tratan de condiciones necesarias ni suficientes. Estas características serían:
• Instituciones del Estado, en referencia a un territorio definido, una población y un poder. Una estatalidad.
• Élites comprometidas con la democracia.
• Una sociedad homogénea.
• La riqueza nacional. No genera democracia pero favorece su mantenimiento. Przeworski y Limongi. 1997.
• La empresa privada.
• La clase media. La cual busca una seguridad económica sobre la libertad de empresa y una seguridad jurídica.
• El apoyo a los más desfavorecidos. En base a un compromiso de las élites con las clases más desfavorecidas.
• Participación ciudadana, sociedad civil y cultura política democrática. (Putnam)
• Educación y libertad de información
• Entorno internacional favorable.
EGIPTO, TÚNEZ, LIBIA.
Estos tres Estados cumplen algunas de los factores referidos por la teoría. Ya tenían una estructura estatal en el país, es decir, ya estaba institucionalizado. El factor de la élite comprometida con la sociedad se puede transponer con unas élites que han tomado el mando que ven como la religión puede ser una solución a los problemas de falta de libertad. Este factor religioso creo que es de vital importancia para los tres países analizados, pues también ayuda a formar una participación ciudadana, apoya la creación de una sociedad civil y crea esa sensación de grupo unido con un objetivo común. La religión musulmana es un factor importante en este caso, pues funciona como gran nexo de unión entre la sociedad de estos países. Sus creencias apoyan a los más desfavorecidos y les da a las nuevas élites un discurso ante esta gran mayoría de población en el caso de estos países.
En relación a este factor religioso se denota una diferencia palpable con otros países de la zona en que el Jefe de Estado no es de carácter religioso. Otros líderes del estado son también líderes religiosos por su condición de descendientes de Mahoma, en cambio en los casos estudiados su condición es totalmente civil. Esa legitimidad tradicional no arropa a Mubarak, Gadafi o Ben Ali.
Dejando de un lado la teoría política y tomando como foco la situación en la que comenzaron las insurgencias en estos países, se debe recordar que esta revolución no ha surgido de la nada. Existen en los tres casos una situación previa de fuerte represión a la población civil, de limpieza de grupos contarios al poder y cortando de raíz cualquier forma de oposición. En ese contexto el desarrollo económico podía argumentar el mantenimiento de cierta paz social. (Legitimidad por resultados)
La crisis económica mundial también ha tenido un impacto en las economías de estos países. El descenso del turismo proveniente del extranjero, que el caso de Túnez y Egipto es la principal fuente de riqueza, ha llevado a un fuerte aumento del paro. Este paro se concentra especialmente en los jóvenes, que gracias al gran crecimiento demográfico de las dos últimas décadas, hace que esta cohorte de edad sea la que más haya sufrido sus consecuencias y por tanto la más “indignada” con el régimen.
Otro factor demográfico que ha influido es la concentración de población en las ciudades en las cuales se disgrega con mayor facilidad el poder clientelar de las élites. Por otro lado, dan lugar a grandes bolsas de pobreza y de población marginada. Estas ciudades han sido el pulmón de las revoluciones.
Como factor económico que ha contribuido a esta oposición al poder establecido ha sido el incremento de precio de las materias primas y de los productos de primera necesidad. Lo que ha provocado altas tasas de inflación (10%-20%) y a su vez ha generado una gran disminución del poder adquisitivo de la población. Todo ello, sumado a los altos índice de paro (Túnez 35%, Libia 30%, Egipto 9%) que registran sus sociedades ha hecho un caldo de cultivo propiciatorio para esta primavera árabe.
Otro factor ha sido el de las comunicaciones. Facebook y Twitter, estas singulares tecnologías, han hecho que las acciones hayan tenido una gran repercusión en la sociedad occidental. Vivimos en el mundo de la imagen. En cierta manera Europa ha presenciado un gran hermano de los vecinos de al lado. Lugares como la plaza de Tahrir en El Cairo. Un lugar conocido por el mundo pues está al lado del uno de los principales destinos turísticos del planeta, el Museo Egipcio, que le da un tinte de cercanía al espectador que está sentado delante de su tele o que está viendo las noticias en una página web. Las cámaras, los medios de comunicación, Al Jazeera, han estado ofreciéndonos noticias constantemente. Por otro lado las redes sociales han ayudado a organizarse a los grupos rebeldes para lograr sus objetivos. Todo ello ha ayudado a generar ese entorno internacional favorable comentado por la teoría.
Esta presión internacional ha sido más obvia en el caso de Libia. A un apoyo a los derechos humanos de los habitantes libios se ha unido un claro interés económico en uno de los países con las mayores reservas de crudo de África, lo cual ha contribuido a una ayuda militar a los insurgentes locales.
Un nuevo periodo se abre para los tres países. Su futuro de democracia y religión musulmana va a estar en el punto de mira de los mandatarios internacionales y de todo el mundo. ¿Tendrá razón Huntington y su choque de civilizaciones?

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