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Toti, salvado por la campana.

10/04/2012

La prescripción de los delitos me recuerda a la campana que marcaba el fin de la clase en el colegio. No habías hecho los deberes y te iba a tocar salir a la pizarra. De aquellas el profe cuando se mosqueaba no te mandaba al rincón de pensar ni te mandaba al psicólogo. Te caía una galleta en forma de mano abierta en todo el cogote que te dejaba el pescuezo rojo hasta el recreo. Y si lo contabas en casa te caía otra de regalo. Pero siempre había una opción al milagro. Que antes de que te llegara el sacrificio se acabara la clase. El timbre salvador. Un halo de satisfacción te recorría el cuerpo. Cerrabas libreta y a otra cosa mariposa. Incluso de vez en cuando, si ibas muy sobrado, hasta te quejabas por no poder demostrar lo bien que lo habías hecho. “¡Ay! !qué pena no poder hacer el ejercicio! Con lo bien que lo tenía…” Mentira!!! Alli no había nada en la libreta!! ¡Qué maquiavélicos éramos!
La prescripción por cohecho de José Manuel Fernández Santiago me ha hecho revivir esos momentos. Me imagino a él con sus secretos guardaditos mirando cómo pasaba el tiempo y cómo nadie le preguntaba por sus deberes… Hasta que suena la campana y se dan por prescritos los pecados que se pudieran haber realizado. Veredicto: Inocente. No hay collejón.
El auto del TSJ es curioso. Pone a caldo el sistema de adjudicación de las carreteras por parte de Fomento. Que tiene un carácter arbitrario y que ha hábido errores materiales, pero que como esto se hacía siempre, no quiere decir que eso suponga prevaricación o cohecho. Por otro lado, sí que deja claro que las iniciales que aparecían por los papeles eran de Toti. Que el resto de imputados, al no haber prescrito sus delitos si que les van a “pedir las notas”. Y por último, que le dice al abogado del Estado que el posible delito de quedarse con dinero por parte de Toti no ha prescrito y que si se anima tiene esa posibilidad…
Fernández Santiago no tendrá responsabilidad penal pero política…por mucho que diga que se ha conocido la verdad…limitando esa verdad a que no ha habido prevaricación. Es como las discusiones de fútbol, “no ha sido penalty porque no lo ha pitado el árbitro”, aunque haya un jugador contrario en el área con la pierna rota… Se llama argumentum ad verecundiam y es de los preferidos por la cosa política.

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