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Sobre las fundaciones Jcyl, sus gestores, su personal y mi envidia.

07/05/2012

Iba a responder directamente a Eduardo por un comentario que realizó en el post sobre las fundaciones en el que comenta que personal de éstas han tenido que superar exámenes para poder acceder a su empleo. Me he puesto a pensar una  respuesta (esto de pensar antes de escribir es importante y muy recomendable) y he visto que hay materia para abordar un poco más el asunto y escribir un post.

No coge por sorpresa si comento que este blog es de tendencia crítica hacia el ejecutivo. Otros tendrá el gobierno regional que le diga los buenos, guapos, inteligentes,etc. que son. Desde aquí no va a ser el caso. No por nada personal en especial sino porque no apetece ver cómo se hacen mal las cosas, como se da información incierta a la ciudadanía, como no se pone en valor la labor de la función pública y como se acaba desprestigiando a la propia institución de los poderes públicos. Antes podía fruncir el ceño y mirar hacia otro lado. Ha sido así toda la vida, pues quién soy yo para andar cambiando nada. O esto se hará así porque alguien habrá pensado que es la mejor manera de hacer las cosas y yo soy un ignorante. Como tampoco soy de discutir con la gente, pues te callas y a otra cosa mariposa.

Una vez que ya tienes una experiencia vital administrativa, y le sumas un poco de conocimiento (leer sobre gestión pública y ciencia política) te das cuenta que quién ese “poder impersonal” de la Administración es de carne y hueso. Son personas que deciden hacer esto o lo otro, escogen entre diversas opciones y según sus preferencias las cuales pueden no coincidir con el interés general y encima intentan “vender la moto” a la ciudadanía. Eso ya no. Y fruto de ello nació la necesidad de este blog. De poner en evidencia las cosas que me parecen mal hechas pudiendo hacerlas bien teniendo como objetivo el interés de todos.

Una de esas acciones demenciales me parecen esa caterva de fundaciones. Desde aquí intento exponer las razones por las que me parecen unos chiringuitos que responden a intereses clientelares. Me consta que también hay buenos trabajadores en ellas, y que habrán superado pruebas por lo que su capacidad queda demostrada. Pero si tengo que defender a alguien es a los empleados públicos. Principios como la igualdad, el mérito, la capacidad, la publicidad, para la adquisición de la condición de funcionaria facilitan una función pública permanente, apolítica, que valora la integridad , la imparcialidad y la objetividad. Los trabajadores de una fundación no tienen esa garantía de continuidad que protege a los funcionarios públicos de las intromisiones políticas en las labores públicas por lo que esa pretendida imparcialidad no puede tener la misma garantía. Las gentes que dicen que el puesto de funcionario no puede ser para siempre o saben muy bien lo que dicen, o no tienen ni idea de lo que ello supone.

No voy a caer en que el personal de la fundación sea mi enemigo. Mi enemigo es el responsable político que inició esa locura administrativa creando daños colaterales. A nadie le gusta ver trabajadores despedidos. Empresas que cierran. Fundaciones que dejan al más débil en al estacada y el jefe-director inútil que no ha sabido aprovechar la ocasión que se le brindó, quedándose entre los elegidos y manteniendo su injusto sueldo y echando la culpa a la crisis, a las herencias recibidas, al empedrado, o a la abuela que fuma.

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