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Toros, Empleo y Ciencia Política.

04/06/2012

Hoy me he despertado, y como todos los días ducha y desayuno por ese orden. Y como soy hombre optimista por naturaleza no tengo inconveniente en realizar esas tareas escuchando las noticias en la radio. Que si nos van a intervenir, que si nos recortan más cosas, que si Grecia y España misma cosa… Por favor, casi dan ganas de desear que los mayas tengan razón y se acabe el mundo este año. Pero no. Yo, incansable al desaliento, continúo con mis quehaceres diarios.
Pero hoy una noticia me ha llamado la atención. El alcalde de un pueblo ha hecho una votación entre sus vecinos (y votantes) para decidir qué hacer con 15.000€ del presupuesto local. ¿Empleo o toros? Esto da mucho juego. La Ciencia Política no puede dejar pasar este experimento social. Pero lo curioso es que podríamos llenar el pueblo de politólogos y cada uno podría estar hablando de una cosa distinta…
¿Cómo lo enfocaría cada “corriente” politológica? Primero los teóricos normativos o (filósofos políticos) se irían por las ramas y se preguntarían “¿Son buenos los toros?¿Es justo que haya fiestas?¿Y mi libertad de sólo poder elegir entre toros y empleo?” se preguntaría por “como debería ser”, se fumarían algo en la terraza del bar, dejarían volar su imaginación… Marx, Rawls,…
Por otro lado estarían los empíricos. Estos se irían al “que ha pasado aquí” pero entre ellos habría sus problemas. El conductista como buen continuador de la sociología y la psiclogía que es de dónde provienen, haría muchos más cuestionarios a los votantes y estudiarían su comportamiento y al final dirían que han ganado los toros pues al que le gusta el lechazo vota a favor de los toros. Te daría datos empíricos y basados en la experiencia (como los positivistas) de que a los que le gusta el lechazo, prefieren los toros. Pruebas estadísticas, técnicas cualitativas, cuantitativas, todo con un método impecable. Después otros se volverán locos explicando la relación lechazo-toros pero el conductista ya ha cumplido.
En otra esquina del pueblo estarían los teóricos de la elección racional. Estos argumenta que la gente se mueve buscando maximizar su beneficio individual. La racionalidad económica. Aquí estaría más fácil la cosa. A la mayoría le gusta más ver un encierro de toros que ver su calle sin hierbas durante el verano. Pero estos racionalistas tampoco se llevarían del todo bien entre ellos. Unos dirían que nada de toros, pues pueden venir los del pueblo de al lado que son muy zotes y se aprovechan de nuestros toros “de gratis” (ese es Mancur Olson y su Lógica de la acción colectiva).
Otro señor, un tal Kenneth Arrow, diría que ojo ojito, “que en la regla de la mayoría puede salir el tiro por la culata. Poned tres o más opciones, ya veréis la que se prepara.” viene a decir que cuando hay muchas opciones y aplicamos lo que diga la mayoría, podemos aprobar algo que no era lo más preferido.
Después vendrían los institucionalistas. Estos cogerían la normativa del ayuntamiento sobre espectáculos públicos, las reglas con las que se hizo la votación, los manejos que hizo el alcalde poniendo la votación después de salir de misa, o si hizo la votación el 1 de mayo. Acabarían diciendo que el alcalde se quería escaquear de tomar la decisión y organizó una votación que ya sabía ganada de antemano, pero así diluyó su responsabilidad en pro de la democracía (en esto último ya se metería un teórico normativo)
Todo eso es lo que han líado los del pueblo en la Ciencia Política. Inconscientes, (esto es conductista).

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