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Todo por la pasta. ¿Sistemas electorales más baratos?

18/09/2012

Los mandatarios políticos que el destino nos ha dejado para gobernarnos ya tienen un faro. Ahorrar dinero y que el populacho (nosotros) nos enteremos. Con tal de no gastar cuatro euros de más ya queda todo justificado. Soraya ya le ha dicho a los políticos catalanes que de independencia nada de nada… ¿Por qué? Porque con la crisis no estamos para movimientos nacionalistas, o como dijo ella misma: “apelar a la “moderación y responsabilidad” en la actual situación económica”.
Otro ejemplo de esta justificación del todo vale ante la economía es el discurso del gobierno de que protestar contra sus medidas no es patriótico y da una mala imagen exterior del país. No quejarse que no queda bien.
Pero la última ha sido el penúltimo globo sonda del gobierno (pues aún no ha sido aprobada la norma) en cuanto a reducir en un 30% en número de ediles municipales. Idea iluminada que se une a las propuestas de algún jefe autonómico de reducir el número de políticos en las Cámaras legislativas regionales. A mi no me gusta esta medida, me parece más demagógica que eficiente y en absoluto puede arreglar algún problema de los existentes.
Uno de estos problemas actuales es de la poca representatividad que ofrecen las distintas cámaras y parlamentos. Los ciudadanos no se sienten representados. Las opciones útiles de voto son escasas y no hay partidos a los que votar y que “puedan hacer algo”. Este es un problema de nuestro sistema electoral.
¿Qué es un sistema electoral? Pues algo que traduce los votos en gobernantes. Ni más, ni menos. Pero en todo sistema electoral hay dos fuerzas antagónicas. Representatividad versus capacidad de gobierno. Se puede hacer un sistema que proporcione una cámara en la que quepan todo el crisol de opciones políticas de los ciudadanos de una nación, pero sería muy complicado que se produjeran mayorías con capacidad de gobierno y acabaría en una parálisis institucional. Este ha sido el mayor problema del 15M. El movimiento asambleario en el que todo el mundo quedaba representado pero que murió por inacción. Nunca llegaban a decidir nada.
En nuestro panorama político actual nos encontramos con el problema contrario (a mi entender). Exceso de capacidad de gobierno, pues no hay ningún problema para el gobernante a la hora de aprobar decretos leyes y un déficit de representatividad.
Nuestro sistema electoral es un sistema proporcional, es decir, que los escaños se reparten según en número de votos conseguidos, al contrario de los sistemas mayoritarios, en los cuales el vencedor se lleva todos los escaños a repartir. Pero en la práctica funciona como mayoritario. El suelo electoral (que los votos de un partido se tengan en cuenta si sobrepasan determinado porcentaje mínimo), las circunscripciones, y que se elijan diputados en todas las provincias hace que beneficie a los partidos mayoritarios. Por tanto una reducción del número de representantes electos llevaría a incluso más poder de gobierno y empeoraría la situación de subrepresentación democrática que padece nuestro país y la mayoría de democracias modernas.
Eficiencia no significa no gastar, si no gastar lo mínimo consiguiendo nuestros objetivos. Pues hagan sistemas eficientes y eficaces.

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