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Sociología ciudadana y su visión del funcionariado

10/11/2012

Hace unos pocos días quedamos para cenar y charlar unos cuantos viejos amigos. Viejos porque nuestra amistad es de toda la vida, más que por nuestra edad y también porque cada vez caen más añitos encima. Por suerte ninguno de nosotros nos podemos quejar de la vida que llevamos. Salud, familia, amigos, buen humor, las cosas importantes del día a día van bien. En cuanto a trabajo, pues tampoco hay queja, pues todos contamos con nuestros ingresos. Y variados. Unos trabajan en la pequeñas empresas, oficina, otros en industrias con mercado internacional, otros en la Administración y también como profesionales autónomos. De todo un poco.

En los cafés ya empezamos a charlar de funcionarios por aquí y por allá y de la Administración. Los que trabajamos dentro de ella teníamos una visión completamente distinta de los del resto. Además la imagen exterior de la Administración está totalmente estereotipada. Entiendo que la realidad es muy complicada y que son útiles estos estereotipos, pero también que se debe luchar contra los que sean equivocados. La idea que tiene la ciudadanía (mis amigos a-funcionariales:¿Muestra sesgada?) de la Admón es que todos los trabajadores públicos estamos todos enchufados y segundo, que el problema de la Administración se arreglaría si se aplicasen sistemas de la empresa privada.

¡Ay!¡Qué dolor! Como ya comenté varios de los sentados a la mesa somos funcionarios de oposición y les dimos nuestro ejemplo personal para negarles que la tropa funcionarial sea una banda de amigotes colocados. La imagen distorsionada de ese panenchufismo viene dada por la cantidad de chiringuitos administrativos que han colocado por razones de amistad, consanguinidad, amistad y/o afinidad política. En mi opinión, en el funcionariado, haberlos haylos, como las meigas pero son la excepción.

Y lo de la gestión privada en lo público, yo también tengo mi estereotipo: es imposible. Ni siquiera acercarse a esa gestión. Y lo veo imposible por una simple razón, el objetivo del gobernante. Tirando de economía la cosa está clara: los consumidores quieren maximizar su satisfacción con los bienes y servicios que consume. El empresario (la gestión privada) quiere maximizar sus beneficios. El político (que dirige la Administración) ¿También pretende maximizar la gestión de los recursos públicos para ofrecer mejores servicios a los ciudadanos? En parte, pero su principal objetivo es ser reelegido cuando pasen cuatro años. A otros les puede interesar más la codicia y el propio enriquecimiento personal. Ni más, ni menos. Y para ello la Administración es un medio, un instrumento, y no un fin en si misma.

Se podrán tomar medidas de mejora de la Administración basadas en la empresa privada, y en la maximización de los servicios públicos pero éstas tarde o temprano se encontrarán con un escollo político. Un contrato que hay que dar a un amigo, una línea de subvención a empresas afines, un cese de un director general que es un inútil pero es del partido y no tiene dónde caerse muerto si se le quita ese puesto, una medida para un determinado colectivo pero que ocasionará quejas de otro porque se sienta perjudicado,…

Allí seguimos charlando y charlando,…pero en el fondo no les convencimos. Luchar contra un estereotipo no es tan fácil. Cambiar la Administración tampoco.

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