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Desmotivación Juntera: crónica de una tormenta perfecta

02/08/2013

Si en el anterior post comentaba los síntomas de esa pereza juntera, hoy intentaré exponer las causas que creo que son las que favorecen esa actitud pasiva del funcionariado “de oficina”. No voy a dejar en el aire que el empleado es un poco “vagarro” y quedarme ahí. El chascarrillo fácil y estereotipado del café, el teléfono y la charleta.

Todo ello no se genera de manera espontánea y la Ciencia de la Administración (que existe) también es consciente de que estas actitudes dentro de toda organización existen y hay que estudiarlas. Esta manera de estudiar las cosas es una de las grandes diferencias respecto a los “de Derecho”. Éstos dirán que se esta falta de “intensidad” se produce por no aplicar el régimen disciplinario. Los politólogos intentamos saber porqué ocurre y posteriormente variar la conducta con el menor conflicto posible.

Se puede hablar de una tormenta perfecta de la desmotivación que conduce a cierta dejadez. Estructuras administrativas sobredimensionadas, debidas a una gran afluencia de ingresos en la Administración (por el boom inmobiliario), que generaron ofertas de empleo público y por otro lado la creación de la administración paralela (los chiringuitos). Una vez llegados los recortes, no hay tanto que gestionar, pero las estructuras creadas siguen ahí (por eso se le llaman estructuras) Menos trabajo para el mismo número de gente, igual, a más tiempo “libre”.

El modelo de promoción en la Junta es, teóricamente, a través de la promoción interna y de los concursos de traslados. En las épocas de bonanza económica, las promociones se realizaban a través de modificaciones de Relaciones de Puestos de Trabajo, con la creación de puestos de Libre Designación o de Concurso Especifico y con el incremento de los complementos específicos de los puestos (el incremento de nivel no lo permitía la Función Pública). Si eras de la “cuerda” era una manera fácil de ascenso, pero también se realizaba en ciertos casos con mayor justificación. Puestos que requerían cierta responsabilidad o cierto conocimiento especializado (a cualquier nivel) que el “jefe” no podía arriesgarse a que lo ocupara una persona poco formada. En la actualidad esa “zanahoria” ya no existe, pues cualquier modificación de la RPT será para recortar, no para ampliar.

Las congelaciones y las reducciones salariales han sido un aldabonazo a la moral de la tropa funcionarial. La reducción del 2010 y sobre todo la supresión de la paga extra de diciembre de 2012 han hecho mucho daño al empleado público. Por otro lado la reducción de “moscosos” y el incremento del horario han sido un agujero en la línea de flotación de la moral administrativa. Por un lado ha significado que asumamos la idea de que se pueden quitar las diferencias que tenían y tienen los empleados públicos respecto a los trabajadores “normales”. Esa conciencia de “especiales” respecto a “los de la privada” es una marca de grupo importante. Una especie de prestigio social que permite poder “chulearse” ante los colegas. Esto, de una manera u otra, es un intangible que tiene un valor.

Pero la “media hora más” que hay que hacer es un despropósito para la productividad. Una medida que de puertas hacia adentro no la apoya nadie, con lo cual los “jefes” no tienen argumentos morales para obligar a realizarla. Los encargados de que se cumpla son los primeros en mirar hacia otro lado, conocedores de la inutilidad de la medida. Esos 30 minutos han servido para estar más tiempo en el trabajo, pero menos trabajo. Las normas que no son vistas justas por la sociedad es muy difícil que se cumplan. Boicot, buscar triquiñuelas legales, no controlar. Por mucho que diga la norma nadie tiene intención de llevarla a cabo. No está “mal visto” incumplirlo. Es una norma deslegitimada, por mucho que digan “los de Derecho”.

Y quedan en el “tintero” algunas cosas más como la falta de liderazgo de jefes, el que la organización no tenga un objetivo claro, la permanencia de la Administración B en detrimento del funcionario, la falta de seguridad jurídica por la modificación vía decretazo de condiciones de trabajo, el cada vez mayor distanciamiento personal directivo=políticos/funcionarios, la conciencia de grupo del funcionario (viernes negros, manifestaciones, blogs)…

Todo ello hace de la experiencia laboral del funcionario una tarea titánica… Después de releer el post me resulta raro que alguien trabaje en la administración.

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From → Funcionarios, Jcyl

One Comment
  1. Juntero sincero permalink

    Felicidades por el blog. Me parece muy bueno y creo que podría ser un buen foro y lugar de encuentro para los junteros cyl.

    Tu análisis me parece certero, aunque echo en falta tres aspectos:

    El primero es una consecuencia del exceso de libres designaciones en esta Administración. En la práctica los altos cargos tienden a rodearse de LD´s y a encomendar el grueso del trabajo a estos funcionarios; no solo el grueso cuantitativo (la mayor parte de los asuntos), sino el grueso cualitativo (los asuntos más interesantes o más bonitos). Esta forma de reparto del trabajo tan cuestionable quema muchísimo al personal no libredesignado, que normalmente se ve obligado a realizar las tareas más rutinarias y desmotivadoras. Podría pensarse que a los libredesignados se les asignan solo las tareas más “sensibles” o con mayor carga de responsabilidad y complejidad, pero no es así. En la Junta cualquier cuestión con un mínimo de interés siempre se encomienda por inercia (que no por necesidad) al personal de libre designación.

    Otro factor importante es que los jefes de la esta Administración son muy cómodos y no quieren ningún problema, y ello implica muchas cosas. Por ejemplo, que para evitar malos rollos no ejerzan prácticamente ningún mecanismo de control sobre el personal a su cargo (no hablo de expedientes disciplinarios sino de simples llamadas de atención o correcciones). Cualquier funcionario sabe que en la Junta “nunca pasa nada” y que da lo mismo hacer las cosas bien o mal. Si alguien se equivoca, pues se vuelve a hacer; si algo sale mal en el BOCyL, se hace una corrección de errores, pero no es habitual criticar el trabajo realizado por nadie y, claro, esto pasa factura al rendimiento porque la gente se acomoda. También implica que los jefes eviten dar trabajo a quien funciona peor, más lentamente o “da problemas”, con la consiguiente carga adicional de trabajo para los compañeros teóricamente más eficientes o más dóciles, que acaban hartos.

    También desmotiva la situación absolutamente vergonzosa de las estructuras orgánicas y las RPT´s, que llevan siglos sin modificarse (adrede) para favorecer la “flexibilidad” y la oficiosidad de los movimientos de personal. Lo mismo pasa con los concursos: casi no salen, afectan a muy pocas plazas, meten las plazas que les da la gana… Al final nadie está en su sitio, todo el mundo se mueve a base de comisiones de servicio, de favores y de afinidades personales, y los compañeros que no resultan agraciados ni pueden/quieren entrar en estos circuitos extraoficiales acaban fritos y pasan de todo.

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